MICHAEL KEIJZER

MICHAEL KEIJZER

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Michael Keijzer consigue realizar cada día sus proyectos con el convencimiento de algo que aprendió hace mucho tiempo, la humildad. Posee una visión empresarial clara, sencilla y firme al igual que su personalidad. El dueño de la discoteca Dreamer’s nos cuenta, con total sinceridad, aspectos desconocidos de su vida.
Tenemos la imagen de un Michael triunfador. Tu vida parece haber sido fácil, ¿es así?
Mi vida es el resultado de mucho esfuerzo y trabajo. No ha sido nada fácil pero admito que he tenido suerte en los negocios. Llegué de Amsterdam junto a mis padres y mi hermana melliza cuando tenía cinco años. Fui al Calpe College y después al Aloha hasta el año 90. Con 16 años, y por problemas económicos, decidí que fuese mi hermana la que continuase en el colegio.
¿Quieres decir que empezaste a trabajar muy pronto?
Sí, a esa edad. Comencé a trabajar por la noche en Pasta Factory con Tony Dalli y por el día era el caddy de Sean Connery, por aquel entonces yo jugaba muy bien al golf. Dos años después tuve la idea de montar un pequeño bar, Daytona, para que la gente tomara algo mientras esperaba mesa en el restaurante. Durante tres años tuvo mucho éxito ya que terminó por ir todo el mundo que iba al puerto. Lo vendí y monté otro bar a 30 metros del Daytona que, posteriormente, también lo vendí al que era propietario de Don Leone. Fue a los 24 años cuando me asocié con Juan Carlos Martínez y Antonio Valdés y montamos la discoteca Dreamer’s. Juan Carlos me puso una condición, que sólo entraba en el negocio si yo me metía a tope. Y así fue. Invertí todos mis ahorros. Desde el 2006 estoy sólo en el negocio.

Entonces desde muy joven has tenido una gran visión empresarial…
… mi padre era un hombre de buena familia en Amsterdam y mi madre era piloto de coches. Vivíamos muy bien, cuando vinimos a Marbella, nuestra casa era El Chaparral, actualmente de Olivia Valére. Pero mis padres se separaron y mi padre nos dejo en una situación económica un tanto delicada. Mi madre abrió el Play Back 2 en Puerto Banús pero al poco volvieron los problemas. En ese momento, cuando me quedé sin nada, decidí que tenía que remontar la situación y lo conseguí a base de mucho esfuerzo.
¿Donde ha radicado tu éxito?
Primeramente el haber vivido en Marbella 30 años, eso me ha ayudado mucho. Me siento español y ya pienso en español. La gente te apoya más si eres del lugar. Por otra parte, trato muy bien a todos sea quien sea. Le doy a todo el mundo su sitio, esto hace que todos hablen bien de ti. Y por último y fundamental, hay que ser humilde.

¿Vives la noche?
Antes salía mucho, la ruta Olivia Valére- Dreamer’s era habitual. Ahora tengo 35 años y voy de mi casa al restaurante que tengo, o a otro, y luego vengo a la discoteca. Me junto con cuatro amigos que tengo y trato de mantenerme al margen de todo. A Puerto Banús voy una vez al mes como mucho. Intento mantenerme fuera de ese circo.  

¿Muchas amistades ficticias?
Muchas. Al final los amigos son los que tenía antes de la discoteca. Son amigos del colegio o con los que juego al golf. Por ejemplo, en el Facebook tengo 3.000, pero realmente son cuatro. Hay que saber diferenciar el que viene por la noche a que le invites a tres copas y te ríe la gracia y al amigo de verdad. Lo tengo muy claro. En la noche hay que ser cordial con todo el mundo pero nada más. 

¿Mantienes relación con tu familia?
Diariamente. Tanto con mi hermana y sus dos niños, como con mi padre que vive en Estepona y mi madre en Aloha, con la que mantengo una relación muy estrecha. El resto vive en Amsterdam, abuelos, primos, que los visito siempre que voy allí.
De mujer e hijos, ¿mejor no hablamos?
(Se ríe). Tuve una novia durante nueve años, otra cuatro, y otra tres y mira, no he llegado a nada. Para tener hijos tengo que encontrar a la novia perfecta y eso es muy complicado por mi trabajo. Ser mi novia reconozco que es muy difícil, tengo fama de golfo pero tampoco lo soy tanto.
Lo de siempre, que tener una discoteca facilita tener más mujeres a tu alrededor. ¿No?
Totalmente de acuerdo, no novias sino amigas que les gusta presumir de amigo dueño de Dreamer’s. Y de todas las edades, al menos las que están entre los 23 y 32 años.
Y ahora llega la etapa de los hijos de los amigos. ¿Sabes a lo que me refiero?
Claro y no lo llevo nada bien. Te cuento, un viernes al mes celebramos la fiesta Blue para chavales de 18 a 24 años. El pasado viernes recibí la llamada de cinco amigos pidiendo que vigilase a sus hijos. Imagínate, lo intento y voy, pero me da corte, me hablan de usted porque me ven como el amigo de su padre. Y me siento hasta mayor.

Cuéntame sobre tus nuevos proyectos.
El restaurante Polynesian 2, Lola Super Vip, sala enfocada a ingleses y árabes que patrocina una marca de champán, y una empresa de eventos que se llama Yastá Productions con la que hemos organizado hace muy poco el concierto de Fito y Los Fitipaldis y que traerá dos o tres conciertos a Marbella este verano. También quiero abrir el Ducati Café. Es una franquicia que abre en Roma, Dubai, Malasia y este verano en Marbella con punto de venta de motos, merchandising y un ambiente de día para comer y tomar algo, extraordinario.
Si no hubieras sido empresario, ¿a qué te hubieras dedicado?
A trabajar en un campo de golf, te aseguro que desde muy joven jugaba muy bien al golf. Ha sido mi verdadera vocación. Lo dejé por problemas económicos. Como además hablo cuatro idiomas, hubiera sido director de algún campo de golf como Finca Cortesín, por ejemplo.
¿Como es tu día a día?
Me levanto a las nueve, vengo a la oficina, reviso los mails, chequeo las cuentas del fin de semana y si hace bueno, juego al golf cuatro veces por semana. En caso contrario, voy al gimnasio, salgo en barco, playa. De todas formas, tengo que controlar todas las empresas y esto me lleva ocho horas diarias. No trasnocho, lo hago una vez por semana en invierno y en verano cuatro. Generalmente, me acuesto muy pronto. Soy muy normal para estar tan metido en la noche. Un sábado me tomo alguna copa, pero poco más. Antes ni bebía. Bebo mucha cerveza, nunca vino. Pero claro, me tengo que cuidar la tripa.
¿Tu última locura?
Algún viaje. Hace poco lleve a todo mi equipo, 40 personas, a Tarifa, un lugar que me encanta porque hay muy buena energía. Vamos a disfrutar, comer y beber. Una locura que merece la pena. Lo hago una vez al año. También nos solemos ir a Málaga en navidades. Mis locuras personales pasan por los viajes y además a todo trapo. No me gusta escatimar. Acabo de estar en Miami y Nueva York. También iré con mi madre de viaje antes del verano. Es mi evasión, porque en Marbella nunca me gusta llamar la atención.  

Jacqueline Campos fotos www.fredytorra.com

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